Realmente creía que seríamos amigos para siempre. A veces aún la recuerdo y me arrepiento tanto, tanto de haberle hecho eso. Soy una persona que difícilmente toma decisiones, pero cuando lo hago, cometo los errores más grandes de mi vida. Como te conté antes, ella era mi razón para ir a la escuela, lo digo con sinceridad. Eso siempre ha sido repetitivo en mi vida.
En fin, recuerdo mucho que en los exámenes nos ponían a leer algo que conocía como La Guía Santillana. Mi mamá hacía un esfuerzo tremendo para comprarla y yo la aprovechaba bastante poco, hasta que un día una maestra, con el pretexto de que pudiéramos estudiar más, nos sacaba del salón si veía que la leíamos con mucho esmero. Así, ella me dijo que me concentrara demasiado para pasar el rato afuera. Por supuesto, en cuanto eso pasó, mi amigo se dio cuenta y empezó a replicarlo. A veces ya no sabía qué hacer, me incomodaba ver su incomodidad. Me hubiera gustado que ninguno de los dos se gustasen.
Inscribirme a la secundaria fue un martirio. Para este punto mi papá ya estaba conmigo, pero casi nunca estaba en casa. Mi mamá se la pasaba trabajando. Yo tenía que hacerme cargo de ese trámite, y no lo hice. Solo fui a hacer mi examen de colocación de grupo. Había quedado en el "B", con la tecnología de computación, pero al no presentarme a tiempo no quedé inscrito, y el primer día de secundaria me dieron el espacio que sobraba en el grupo "C", el mejor grupo del mundo. No sabía aún con quién iba a estar ni si volvería a ver a mis amigos, pero ese día, ese maldito día…
Era un día lluvioso de agosto. La lluvia era una pequeña brisa, nada exagerado. Yo, con mi pantalón remendado, mi suéter flojo y mi camisa planchada, caminaba buscando mi grupo, buscando con quién poder estar, mirando las caras y buscando un conocido. Mis zapatos negros ya sin figuras de dragón, porque ya había pasado esa etapa, con el corte escolar más pelón que me pudieron hacer. Siempre fui de cabello corto.
Encontré una pancarta que decía "1C". Era ahí, en medio de la explanada del lado izquierdo. Un niño que apenas salía de la primaria, rodeado de cabrones de tercero que ya se drogaban hasta por las orejas. ¿De verdad era todo tan hostil como lo recuerdo? No tengo ni idea, pero sí recuerdo muy bien que en ese mismo grupo estaba K. ¡Dios mío, qué alivio! Otros tres años con alguien que conozco perfectamente y no necesito volver a conocer.
Sé que te preguntas si no la busqué, si no le pregunté, si no traté de contactarla durante todas las vacaciones. No tenía cómo: ni celular, ni su número de teléfono, ni siquiera la certeza de si la volvería a ver, pues según yo no iríamos a la misma secundaria. Nunca me contó cuál sería. Pero aquel día, mi mirada por supuesto la buscaba. Tenía la esperanza de encontrarla. Cuando terminó el evento cívico de bienvenida y los grupos comenzaron a dispersarse… la vi. Estaba parada en medio de la explanada, pero justo al otro lado. La escuché decir mi apodo mientras levantaba su mano saludando. Su voz tan peculiar, su sonrisa tan amena, su figura tan pequeña. Sus ojos estaban viéndome directamente. Estaba ahí, mi mejor amiga. Pero al lado mío estaba k, quien juró no volverle a hablar…
No quiero que me juzgues. Sé que estuvo mal, y todos los días de mi vida hasta hoy me arrepiento de la decisión que tomé.
La ignoré. Me di la vuelta y seguí mi camino. Dejé todo detrás, por una amistad que no valió tanto la pena.
.jpeg)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario