domingo, 21 de septiembre de 2025

Capitulo VI No todo es bello

Mi paso por la secundaria fue bastante agradable y, a la vez, triste. Primero, corté los lazos con una persona que quería muchísimo y, segundo, no tenía idea de cómo terminaría mi vida en esos tres años. Siempre pensé que en la secundaria me recuperaría —hablando de mi estado académico, claro—. Salí de la primaria con un promedio de 8.32 y no fue diferente en la secundaria, de hecho, fue peor. Pero creo, al menos, que fue totalmente mi culpa y no de los maestros. De cualquier forma, no le eché ganas y solo estoy aquí para contarte sobre eso.

En la secundaria comienzan cambios importantes en el cuerpo: creces, tu voz cambia, tus pensamientos cambian y tu olor también cambia, especialmente si no tienes una rutina de higiene personal adecuada. Mi cambio fue más o menos progresivo; nada de vello extra, ni siquiera en las axilas. Mi voz se quedó en un tono medio, ni grave ni agudo. No era fuerte ni delgado, era un gordito gracioso solamente. No tengo ningún problema con eso, pues gracias a mi corpulencia dejaron de molestarme desde la primaria.

Recuerdo que la primera vez que peleé con alguien fue con un compañero de primaria con el que comía todos los días en el comedor de la escuela y platicábamos mientras comíamos. Fue raro porque él siempre fue el bully de la escuela, se sentía muy chingón, hasta que un niño al que le decían Chovis le puso un “estate quieto”. Ese compañero me tuvo amenazado con 5 pesos durante todo un año. Creo que terminé pagándole más de lo que debía, y es que en una ocasión me mandó a la tienda y me ofreció que me comprara algo de cinco pesos. Lo hice, y cuando regresé, muy molesto me dijo que era un ratero, que se los iba a pagar y que si no me iba a madrear. Pinche gordo imbécil, si no fuera porque era un debilucho cualquiera, le hubiera dado sus buenos madrazos.

En fin, nos peleamos y, en el recreo de ese mismo día, estábamos comiendo bien a gusto: yo algo rasguñado y él con los ojos bien rojos de haber llorado. Nunca lo olvidaré. De ahí en adelante, mis relaciones siempre fueron caóticas.

Bien, siguiendo la linea, en la secundaria hay cambios, en especial en la forma de relacionarnos con el sexo opuesto. Por supuesto las niñas también cambian, empezaban a verse y ser agradables, en especial para la bola de urgidos que queríaN con todas sus ganas tocar un par de senos y una nalga con apenas 12 años. No me malentiendas, respeto la sexualidad de las personas pero me parece algo de bastante mal gusto hablar de eso mientras miras a tu compañera de clase. 

Teniamos una compañera a la que todos mis compañeros calificaban como "la más buena", sin fundamento alguno, más que sus hormonas en descontrol. Claro que era muy linda, sin embargo no se merecía todo el acoso que le dieron los tres años, aunque era sutil y en silencio, estaba ahi. Su cuerpo era proporcionalmente más grande que el de mis demás compañeras, por eso la mayoria deseba estar cerca de ella y es a donde va mi historia. 

Ella fue mi compañera de clase desde el Kinder y era bastante insoportable conmigo, supongo que por el hecho de ser moreno pues siempre fue bastante rasista, no me caía bien, fue parte de las personas que pasivamente hacían mi contacto con mujeres una odisea.  La llamaremos Ale.

Quiero creer que Ale no se daba cuenta de las intenciones de mis compañeros, pues en una ocacion haciamos una actividad en la que tenias que subir a alguien a tus hombros, por supuesto mi mejor amigo hasta ese entonces logró convencerla pues se le daba bastante bien ser un afeminado que se amistaba con mujeres para poder estar cerca de ellas mientras las desnudaba con la mirada. En fin, ya arriba suyo la manoseo como si no hubiera un mañana. Ella se bajo y algo desconcertada pero inocente no le tomo mucha importancia pero su novio sí.

Cuando entrábamos, Dios sabrá cómo, ella ya tenía, a los tres días, un noviecillo de esos que no pueden con las de su edad y deciden manipular a las de nuevo ingreso. Su nombre me lo reservo, pero era un güero con chinos y ojos de color, bastante estúpido. No dudó ni un segundo en intimidar a un niño de primero y amenazarlo con darle una “madriza”. Ese día K se cagó de miedo y, durante el recreo, se dio todo: estuvo a punto de llorar sin ni siquiera empezar nada. Fue su primer contacto con la realidad y, aunque no lo golpearon, aprendió a no hacer ese tipo de cosas.

Después de esa primera gran experiencia, las cosas se desarrollaron medianamente normal. Y digo “gran experiencia” porque, al ser su amigo, viví todo muy de cerca.

Como te conté desde el principio de este blog, nunca tuvimos una solvencia económica. Aun así, mi madre siempre intentaba llevarme comida y, rara vez, me daba algo de dinero para comprar un lonche. Yo, por supuesto, prefería no comer y gastármelo en un ciber cerca de mi casa durante tres horas. Aunque tenía un mejor amigo, me seguía sintiendo solo. No pude hacer amistad con las personas de mi grupo durante el primer mes. Había un tipo bastante molesto al que le decían “Pechugas”, hijo de perra; todos los días deseaba que se saliera de la secundaria.

Los primeros tres bimestres fueron un asco. No hubo nada que recordar, más que las remendadas que tenía que darles a mis pantalones cada tres días. No hubo nada… hasta inicios del próximo año, cuando mi mundo comenzaría a tener color, vida, alegría.

Recuerdo verlo sentado junto a K, una mañana lluviosa: tan pálido, tan inocente. Recordé haber tenido una interacción con él en la primaria, pues solo estuvo como tres días en nuestra escuela y lo único que me dejó fue sacarme el dedo medio. Nunca imaginé, cuando lo conocí, que sería mi razón de ser. Desde ese momento, todo fueron alegrías, pero solo para mí, pues, como te conté, mis relaciones siempre han sido caóticas. Nunca olvidaré sus ojos cafés.

Conectamos desde el principio y esa conexión, al día de hoy, se perdió. Espero algún día saber cuál fue la razón de mi olvido e intentar remediarla. Lo amaré por siempre, pues fue mi primer hermano de otra sangre.

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