Hola, mucho gusto. Me desaparecí por bastante tiempo. Lo lamento; la escuela y el trabajo me tienen ahorcado y decidí, por si no fuera suficiente, volverme streamer… o al menos intentarlo. Y así terminé con todo el tiempo de sobra que tenía.
Pero bueno, siguiendo con la línea del blog, te conté que un chamaquito de 13 o 14 años se portaba como si fuera un maldito gánster. Eso sí que fue ridículo, pero lo disfruté.
En esa época todo era risas y diversión. Nunca me preocupé por la escuela ni por cultivar mi cabeza; lo hacía, pero sin tener la menor idea. Todas las mañanas, los martes y jueves, prefería quedarme en la biblioteca leyendo un libro en lugar de asistir a la asquerosa clase de educación física de “Coco”. Odiaba sus clases como no tienes idea.
En fin, mi libro favorito fue uno de Jaime Sabines que se llamaba Cartas a Chepita.
Con el tiempo, mi fascinación por las novelas fue creciendo. Fue como vivir dos vidas paralelas: por un lado, un adicto; por el otro, un novelista. Vaya lío. No me había interesado en nadie de forma romántica hasta ese momento; ni siquiera me pasaba por la cabeza. Pero esas lecturas me hicieron ver las cosas diferente. Fue así como, por primera vez, mi gusto por una chica apareció.
Por supuesto, no revelaré su nombre por si en algún momento lee esto. Era una chica muy linda en aquel entonces, un año menor que yo, con un pasado cuestionable. Y aun así lo intenté. Estupidez por mi parte, ya que en esa etapa la superficialidad está por encima de todo y, si te soy sincero, no soy nada atractivo.
No recuerdo mucho más que pequeñas interacciones, pero fue una experiencia muy agradable. Lastimosamente no funcionó para nada. Dejando de lado el físico, en aquella época no tenía nada más que aportar a una relación, menos aún con una vida tan problemática.
En el 2016, luego de múltiples fracasos, conocí a una amiga algo peculiar. Y cuando digo “conocí”, quiero decir que estaba en el mismo grupo que la chica de la que me había enamorado y, en alguna que otra ocasión, me ayudó a hablar con ella, aunque también se reía de mis intentos.
Se volvió muy importante en mi vida. Sin contar a nadie de mi familia, era la segunda persona que más amaba en aquel entonces. Recuerdo que la primera vez que la vi estaba en su casa —Dios sabe por qué— con sus amigas y un amigo, haciendo un pay de limón, mientras yo ya estaba colocado. No sé cómo me dejó entrar en ese estado, pero le agradezco que no me haya dejado afuera.
Liz siempre fue muy amable conmigo. Me encantaba estar con ella y pasar tiempo juntos, aunque eso pasaba poco. Tuvimos una amistad un poco caótica y, en parte por mi culpa, la cambiaron de secundaria. No era mi intención, pero sí fue un poco mi responsabilidad. Nuevamente, todo gracias a mi adicción.
Aun así, de vez en cuando nos volvíamos a ver y yo era más que feliz. A veces la extraño, pero la vida de ambos ya tomó rumbos diferentes. Siempre la estimaré y la querré como a una verdadera amiga.
Estoy harto de contar esta etapa tan desastrosa, así que me saltaré al final.
Un jueves por la tarde, mi hermano me delató. Encontraron marihuana y otras cosas en mi mochila que claramente los preocuparon. Apelé, evidentemente, a que no eran mías, pero las libertades se terminaron y la estructura familiar se vino abajo. Un problema que desencadenó muchísimos más.
Estuve a punto de irme a un anexo, pero tuve que tomar una decisión: inscribirme en una preparatoria lo más lejos posible y realizar el trámite solo, para demostrar interés. A fue clave en todo esto y, en general, en todo el tiempo que estuvimos juntos en un aula.
De ella no te conté, pero realmente fue mi hermana durante bastante tiempo. La amé, la amo y la amaré por siempre. Aunque ahora creo que es una clasista de porquería, haha… la sigo queriendo.
Por cierto, quiero dejarte una pregunta a tí si aun me estas leyendo, quiero comenzar una pequeña novela apocaliptica de zombies aquí en mi blog, como una segunda linea de temas, pero me gustaría saber si la leerías :)