lunes, 1 de septiembre de 2025

Capitulo IV no todo tiene que tener un titulo

Hola, querido lector(a). Han sido días bastante complicados; nunca había tenido una carga de trabajo como la que me acecha ahora. Siempre pensé que tener el día ocupado era bueno porque hacía que el tiempo corriera más rápido. Ya no creo que sea así. Desde que decidí trabajar en este lugar siento que mi vida solo va y viene de un lado para otro. Ni siquiera me han pagado y no tengo la certeza de cuándo lo harán. He estado bastante ausente del blog; aunque prometí tratar de escribir diariamente, no puedo sostener una promesa así, pero prometo seguir escribiendo.

Estoy trabajando en mi investigación para mi tesis. No pensé que fuera tanto trabajo… bueno, sí, pero no tan exagerado. Este es mi semestre más pesado de trabajo. Creí que el primero, en donde iba de 8 de la mañana a 10 de la noche, era duro, pero es nada comparado con este. En realidad, tengo el mismo horario, pero la carga de trabajo es considerablemente superior.

Recuerdo cuando era solo un niño en vacaciones de verano, o en cualquier día. No tenía que trabajar, solo tratar de portarme bien y no matarme en el intento; era difícil aunque no lo pareciera. De niño nunca pensé que el sentimiento de soledad fuera tan duro. Recuerdo preferir espacios cerrados, poca gente, nada que decir ni mirar. Eso era reconfortante para mí hasta que comencé a desear ver a alguien todos los días, no solo a mi amigo K, quien estaba siempre conmigo. Yo no creía que la amistad entre un niño y una niña fuera posible.

Te cuento que de niño sufrí mucho por parte de las mujeres. Ahora no lo parece porque soy muy obeso, pero antes era un niño chaparrito y escuálido. Esas infelices me molestaban de todas las formas posibles: física y psicológicamente. Algunas me pellizcaban, maldecían e insultaban por mi color de piel. Creía que entre un hombre y una mujer no había más que rivalidad y odio. No sabía por qué eran así conmigo, si tampoco es que hablara mucho en clase, y cuando lo hacía recibía una negativa ante cualquier interacción. Será por mi físico, supongo.

Tengo amigas que, desde el kínder hasta el día de hoy, me acompañan; solo las que no hacían nada de lo que mencioné antes, claro. Conocí a mi primera amiga en la primaria. Anteriormente conocí a una chica, pero era pura atracción lo que sentía por ella; sin embargo, tuve que deshacerme de esos sentimientos porque mi mejor amigo de ese entonces juraba amarla. Yo no sería ninguna clase de chapulín, por supuesto. En fin, era cuarto de primaria cuando, de un día para otro, ingresó una niña nueva a nuestro salón. Era escuálida y pequeña como yo: cara pequeña, nariz respingada, pelo negro y oscuro, cortito; algunas pecas en el rostro, y su voz era peculiarmente agradable. Llevaba un saco rosado con peluche en algunas partes. Tenía unos ojos muy lindos y una sonrisa discreta, pero bonita. Por supuesto, no gustó de mí; el odio interiorizado hacia mi género opuesto me lo impedía, pero sí de mi mejor amigo.

Nos sentamos en la misma mesa; nos juntaban de cinco o seis en un solo círculo. Por supuesto, nos sentamos con ella porque K así lo quiso y yo le seguiría a todas partes. En cuanto comenzó a hablar, su voz me atrapó. Muy en el fondo esperaba que fuera tan grosera como las otras niñas. Ese día, el bully del salón la tomó del cuello (supongo que también le pareció atractiva) y no tuve más remedio que ganarme unos cuantos golpes ese día por defenderla. Pero ella lo hizo sola; aquel imbécil solo se fue con la cola entre las patas. Eso me hizo interesarme más en ella. Mientras más pasaba el tiempo, más curiosidad tenía y más ganas de hablar con ella. Si no fuera porque un día nos quedamos solos, nunca le hubiera hablado.

Platicamos todo ese día; terminé encantado de conocerla. Teníamos muchas cosas en común: música, comidas, colores, actividades. Ella era una famosa cantante infantil y yo… bueno, yo era yo. Me mostró varias cosas suyas, como vestidos; yo estaba fascinado con todo lo que veía. Comenzamos a hablar por semanas y meses, hasta que, sin pensarlo, de un día para otro ya era parte de mi vida, de mi día, mis horas y mis minutos. Fue la primera persona que en verdad amé como a una hermana. Fui el último en mi familia, así que esta era la primera vez que me sentía así. Anhelaba volver a verla, platicar y pasar tiempo juntos. Nunca tuve ningún gusto oculto hacia ella, realmente la amaba; nada romántico hasta ese entonces, pero un día comenzaron las burlas.

Afortunadamente, pese a todas las burlas que nos hacían, ella siempre defendió nuestra amistad y nunca se distanció de mí, y de la misma forma yo correspondí esa amistad. El tiempo no nos hizo extraños y comenzamos a crecer, ambos. De un año a otro ya no era ese niño al que pisoteabas sin pena. Di el estirón y algunos comenzaron a tener un miedo infundado hacia mí, aunque nunca fui agresivo y, por supuesto, tampoco sabía pelear. Ella, por otro lado, seguía siendo la misma, pero con más edad… y con un acechador detrás, por supuesto: K. Estuvo así todo el resto de la primaria y parte de la secundaria. Era raro porque ella no gustaba de él, y cuando estábamos juntos trataba de evitarlo. Así que, como ya te imaginas, mi corazón estaba fracturado en dos partes que, de estar juntas, se incomodarían y terminarían yéndose a quién sabe dónde.

Él era muy intenso, siempre trataba de estar junto a ella y yo estaba en medio de los dos. Terminaba sentándome con ella o muy, muy lejos de los dos. Hacíamos todo juntos, tratábamos de salir siempre juntos. Realmente amaba esa conexión y creí que seríamos amigos por siempre… hasta que llegó ese día.

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