Hola de nuevo, hace tiempo que no te saludo. No me lo tomes a mal; mientras vas creciendo, las responsabilidades se vuelven cada vez más y a veces requieren de todo tu día. Así estoy ahora, de un pendiente a otro. Menos mal tengo el día de hoy para poder escribir. Es extraño que cada que lo voy a hacer algo nuevo aparece en mi cabeza: una idea vaga termina formando un pensamiento complejo que creo que debería ser plasmado.
Anteriormente te conté de A o, como me gusta llamarla, "Suervele". Ella fue mi mejor amiga durante la secundaria; nuestra amistad nació de la nada, sin un acercamiento agradable previo, pero con la convicción de que sería una linda amistad que duró mucho tiempo. Ella me ayudó muchísimo en mi plan para no ser anexado, pues fue ella quien me contó de esta preparatoria que estaba algo lejos.
Nos conocimos unas vacaciones de verano, aunque estuviéramos en el mismo salón desde hacía ya 10 años: kínder, primaria y un año de secundaria. La verdad es que, antes de conocerla, me parecía odiosa; no tenía idea de que dentro de esa chica estaba una persona tan hermosa, cariñosa y agradable. Una persona tan espectacular que no podría explicarla ni en cuatro capítulos. Tuve tanta suerte de poder coincidir en una linda amistad que nos dio tantos momentos tan divertidos.
Ella, como la recuerdo, tenía una personalidad tan extrovertida y por fuera era una mujer bastante fuerte, aunque por dentro seguía siendo una pequeña que necesitaba amor y cariño, como todos. No fui el mejor amigo para ella mucho tiempo, y no me malentiendas, claro que lo intentaba, pero en ese momento era demasiado inmaduro para comprender que las amistades así crean lazos increíblemente fuertes que, por supuesto, si no tratas con cuidado, lastimarás a la otra persona. Lo fue todo para mí mucho tiempo, 4 años para ser exactos; el tiempo que nos permitimos juntos, el tiempo que la vida y mis decisiones me permitieron pasar con ella, y lo agradezco profundamente. Agradezco profundamente su amistad, que en la tormenta alivió mi alma y calmó mi calamidad.
Seguimos siendo amigos, por supuesto, pero ya no aquellos mejores amigos que se conocían a la perfección, y esto porque en la preparatoria decidí frenar mis estudios durante un año para poder regresar a mi municipio en otra preparatoria de la misma institución. Eso quizá te lo cuente más adelante. En fin, no era mi intención dejarla sola, pero ya no había marcha atrás. Antes de irme, el salón se estaba convirtiendo en un lugar hostil y traté hasta el final de ser su lugar seguro; lo hice hasta el final.
Creo que jamás sabrá lo mucho que la quise. Nunca fuimos de afecto verbal o físico, pero la última vez que la vi no pude contener mi felicidad y le di el último abrazo que recuerdo. Sé que ella no sabía muy bien cómo manejar las relaciones personales que la rodeaban, la entiendo; aun así, me dio una de las mejores amistades que recordaré cuando esté en mi lecho de muerte. Aun con tanta lejanía, sigo estando al pendiente de ella lo más que puedo; jamás me permitiría verla en apuros y no intentar ayudarla.
Arlette, si algún día llegas a leer esto, quiero que sepas que fuiste una persona maravillosa para mí y que atesoré cada momento que viví contigo. Lamento haberme ido, lamento no seguir cuidándote como me lo pidió tu mami; me martiriza tanto no haberlo hecho hasta el final. Pero dondequiera que estés, quiero que sepas que te amaré por siempre y estarás siempre en mis recuerdos. Te dedico este corto capítulo, con mucho amor para mi mejor amiga de la adolescencia.
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