martes, 19 de agosto de 2025

Capitulo piloto

Hola, mi nombre es Rodrigo. Soy un estudiante universitario, específicamente de la Licenciatura en Enfermería. Mi propósito con este blog es hacer algo similar a una bitácora, pero trataré de abordar todo mi recorrido por la facultad. Llevo ya tres años cursando esta carrera y, sinceramente, ha sido lo mejor que me ha pasado.

Nunca imaginé que la Licenciatura en Enfermería me traería tantos desafíos, pero también tantos consuelos, alegrías y paz. Me siento afortunado de haber ingresado en este campus en el que estoy, pues, de una selección de 70, solo se aceptaban a 10. Claro, estoy viviendo en un pequeño pueblo de un estado de México, pero, aun así, hubo que prepararse y dedicarse a esto.

Cuando salí de la preparatoria —que, por cierto, la cursé en la misma institución en la que estoy ahora— no sabía qué hacer con mi vida. Tenía un plan de vida a mediano plazo que era factible en la prepa; sin embargo, mi padre enfermó… o, mejor dicho, ahora que puedo decirlo, su enfermedad se complicó. Una que él no sabía que tenía. A saber, de esas enfermedades tan diabólicas que son silenciosas para las personas que les importa poco su salud, pero no porque quieran, sino porque se vive todos los días trabajando para poder sobrevivir. Sí, ese fue mi caso. Creo que te contaré un poco sobre mi padre, para que me conozcas un poco más antes de conocerme de verdad.

Mi padre es, ahora en mi perspectiva, alguien maravilloso. Durante mi infancia fue alguien ausente; nunca estuvo para mí más que mi primer año de vida, y aun así puedo decir que hasta ahora intenta compensar todo ese tiempo. Yo no lo conocí hasta los 7 u 8 años y no sabía quién era él. Lo había visto en algunas llamadas de Messenger con mi mamá, pero nada espectacular: miles de píxeles acumulados que no daban ni la mínima posibilidad de distinguir algo, en un ciber que cobraba cinco pesos por hora, cosa que mi madre no se podía permitir a menudo. En fin, ahí estaba mi padre. Recuerdo que me hacía promesas vacías. Me decía que me había comprado una jirafa y que me la llevaría cuando él volviera a vernos. Vaya tontería, que creí hasta el día en que lo vi, conscientemente, por primera vez.

Él era chofer de taxi. Tenía su propio taxi y todo. En aquel tiempo, los taxistas acostumbraban modificar sus taxis de formas extravagantes, algo así como en Japón, pero de cultura mexa. Trabajó desde muy joven, quizá desde los doce años —no recuerdo muy bien—. Tuvo que hacer frente a la necesidad, pues la muerte de su padre trajo varios estragos a su familia. Único hombre en una familia de cinco, el menor de hecho, al igual que yo. Le tuvo que hacer frente a la vida, y la verdad, lo admiro mucho por eso. Quisiera tener la mitad de lo que él fue en su vida. Viajó por todo México, obviamente por trabajo, y cuando decidió sentar cabeza, lo hizo con mi madre, la mujer más linda del mundo.

Se enamoraron jóvenes, no recuerdo si fue a los 20, pero comenzaron con dos hijos de un año de diferencia: mi hermana mayor y mi hermano (también mayor). Ellos me cuidaron y me siguen cuidando con un amor increíble. Después, mi hermano del medio, quien ha tenido bastantes conflictos conmigo, pero eso te lo contaré después. Finalmente, nací yo, el menor de cuatro. Tan solo un año después, mi padre se fue… por necesidad, quizás, o tal vez quería escapar de su cansada vida. Se fue para trabajar en Estados Unidos de América. Así es: el “sueño americano”, que más que un sueño fue una pesadilla para mi madre. A partir de ahí, viví sin saber quién carajos era.

Mi madre me cuenta que nunca se presentó en el hospital para cuidarla mientras estaba en trabajo de parto, para que yo pudiera nacer. Que solo un vecino fue a verla y le dejó 20 pesos. Joaquín se llamaba. Era el novio de mi abuelita, mamá de mi papá. Y bueno, quizá fue porque tenía otra mujer, quien un año después, por las mismas fechas, tendría una bebé que sería mi media hermana —que no conozco—, o tal vez porque no me quiso en un principio. De todos modos, eso no me importa ya. Lo he sanado y dejado pasar. Quizá solo de eso se trata la vida: de agarrar… y aprender a soltar.

Recuerdo muy bien que el acta de nacimiento de mi media hermana la encontré por sorpresa, a los 9 años, en las cosas de mi papá. Me tomó por sorpresa, pues tenía una fecha similar a mi nacimiento. Pensaba que tal vez se habían equivocado, pero luego de preguntarle a mi mamá, me contó que no era su hija, pero sí de mi padre. Fue algo nuevo para mí, pero en ese momento no causó gran impacto. En fin, todo el tiempo que pasó en EUA nunca envió suficiente dinero; enviaba lo que le sobraba de emborracharse y gastarse en su mujer. Incluso se la llevó con él, cuando mi mamá lo estaba esperando esperanzada cada semana, a que le enviara 500 pesos que no alcanzaban para nada. Ya no puedo contarte más sobre su travesía en ese país, pues nunca me he sentado a hablar con él sobre cómo fue realmente. Todo lo que sé, lo sé por mi madre.

Ya te contaré más adelante cómo fue. Le preguntaré. Quizá sea interesante conocer su punto de vista. A pesar de lo que te acabo de contar, quiero aclarar que no le tengo rencor. Nunca lo tuve. Siempre será mi padre y lo querre siempre. En realidad, nunca le he tenido rencor a nadie… más que a un maestro que me dijo que me iba a reprobar por decirle "pinche profe" cuando no me quiso creer que una compañera le había sacado el dedo medio y me levantó un reporte. Te odio, Santos.


Foto mía con mi abuela, en mi cumpleaños 4.

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